Este soy yo

Quiero ser escritor. Desde siempre. Ya he comentado que lo dejé hace años por varias razones. Ahora que lo he vuelto a retomar, después de leer a autores, lectores y más gente relacionada con el mundo de la escritura, estoy aprendiendo mucho. Por ejemplo, lo importante que puede ser tener un blog para ir dándote a conocer, compartiendo lo que voy escribiendo, poniéndome en contacto con otros escritores que tienen sus blogs, etc. También la importancia de twitter y las redes sociales, y todo lo demás.

Pues bien, me decidí a hacerme un blog específico para mi pasión/vocación por la escritura (ya tengo otros para otras cosas) Quería, y quiero, que fuera un blog personal, no convertirlo en un lugar donde publicitar cada línea que escribo, sino un sitio donde poder compartir el día a día (o el semana a semana) y poder acercarme a este mundo. Esa es mi intención. Y por eso ahora me pregunto, ¿cómo he podido escribir una basura tan grande de entrada como la anterior a ésta, la titulada “El jazmín azul”? Si no la has leído, léela, es corta (afortunadamente)

Supongo que en algún momento pensé que esa entrada serviría para mostrar algo más de mí a la gente que tenga interés en seguirme. Y ahora que la leo de nuevo pienso que es patética. Que conste que lo que cuento es cierto, pero está claro que no se me da bien escribir en un blog. Hay decenas de páginas de gente que da consejos sobre cómo hacerlo y cómo no hacerlo. Yo no sé. Pero sí sé que quiero que este blog sea sincero y directo. Así que voy a ser sincero y directo.

Tengo miedo. Muchísimo miedo. Tengo 39 años y lo único que he escrito han sido una tesis, dos capítulos de libros (no ficción), de corte académico. Y tengo otros dos capítulos en proyecto. Pero lo que yo quiero escribir son novelas. No descarto escribir ensayo: quiero hacerlo. Pero lo que yo quería escribir de pequeño eran novelas, y es lo que quiero escribir ahora.

Y tengo miedo de que lo que escriba no le guste a nadie. De que no sea lo bastante bueno. De que no sea bueno, a secas. Hoy estaba trabajando en un relato corto, y cuando he acabado me he emocionado porque he pensado “joder, yo creo que es bueno”. Pero , ¿y si no lo es? ¿Y si no publico nunca nada? ¿Y si lo publico y no se vende? Tened en cuenta que vengo de la vieja escuela, y que llevo más de 20 años desconectado de esto. Para mi, cuando era pequeño, escribir significaba llenar muchas hojas con la máquina de escribir, mandarlas a una editorial, que te lo aceptaran y publicaran, entrar a una librería y ver mi libro en papel. Ahora hay cosas que en mis inicios no existían: la autoedición digital, acceso a páginas con consejos y guías para escribir, redes sociales que me permiten estar en contacto con otros, etc. Es muy emocionante, la verdad.

Tengo muchas ideas, y puedo afirmar, aunque parezca presuntuoso, que hasta el momento no me he quedado nunca en blanco delante del papel. Desde que hace unos meses me comprometí conmigo mismo para ser escritor de verdad, y sacar tiempo de donde no lo tengo para echar un rato dándole a las teclas, mi vida ha cambiado. Yo mismo he cambiado. Tengo, además del relato corto que estoy escribiendo, otros relatos en mente, dos novelas más de fantasía, una novela de misterio, una trilogía fantástica que llevo años gestando, poco a poco, y también varias ideas para escribir novelas como las de Agatha Christie, que me encantan. En estos meses, ponerme a escribir todos los días, aunque sea un párrafo, unas notas, junto con todos los artículos que he leído sobre cómo escribir (consejos, guías…) me ha ayudado mucho, y eso que soy reacio a recibir consejos. Soy un aprendiz muy malo.

¿Sabes por qué dejé de escribir? Me encantaba leer, horas y horas, desde siempre. Cuando era un adolescente, no salía a la calle, no tenía amigos realmente, y podía tirarme todo el día encerrado leyendo. Me leí “El Señor de los Anillos” con 15 años en el campo que había frente a mi casa, en un pequeño bosque de eucaliptos, o tirado al sol. En clase, en el tema social, era el último de los últimos, por detrás incluso de la pared. Era un empollón, pero imagínate mis habilidades sociales o mi capacidad de liderazgo, o simplemente lo “bien” que encajaba.

Cuando cumplí 17 vine a Granada a vivir, y decidí que todo eso iba a cambiar. De la noche a la mañana pasé a ser el líder. Lo fui todos los años de la carrera (Psicología). Y lo más curioso de todo esto fue que no me resulto nada difícil. Seguía leyendo, sí, pero ya no escribía. En realidad, dejé de escribir mucho antes, con 15 años, cuando empecé a preocuparme más de ser aceptado por mis compañeros de instituto que por cualquier otra cosa. Ahí empezó el fin de mi senda de escritor. Y cuando ya estaba en Granada, con un éxito social arrollador, poco a poco, sin darme cuenta, dejé de leer novelas. Vale que estaba muy ocupado con la tesis y los niños, pero en el fondo lo hice porque leer me recordaba que no estaba cumpliendo mi sueño: escribir. Me alejé de él tanto como pude. Pero siempre estuvo ahí, palpitando, llamándome de un modo u otro.

Por suerte, volví a leer novelas. Al principio como “descanso” de las cosas que tenía que leer para la tesis. Cada libro era doloroso por el recuerdo de aquél escritor que siempre quise ser pero que yo mismo me encargué de castigar en una esquina. Pero seguí leyendo. “Elantris”, de Brandon Sanderson, fue una de las piezas clave en ese periodo.

Y entonces volví a leer  por segunda vez mi novela favorita: “Sortilegio”, de Clive Barker. La leí la primera vez con 14 años, creo… y caló dentro de mí de tal forma, que no la he vuelto a leer hasta 23 años después, precisamente porque me di cuenta de que necesitaba algo para salvarme como escritor. Algún día la volveré a leer, cuando llegue el momento.

Y aquí estoy. Quiero escribir novelas de fantasía, al estilo de Barker o Sanderson, entre otros. Bueno, a mi estilo, pero ellos son quienes me inspiran ahora. Quiero escribir novelas de misterio. No pretendo ser un escritor serio y profundo, quiero ser yo, contar lo que yo quisiera leer. Pero tengo miedo de no tener tiempo. Miedo de que nadie me lea, y no me refiero a no vender o no publicar, sino a que escriba historias que no lea nadie, porque he leído por ahí que uno ha de escribir para sí mismo, pero yo, ademas de eso, quiero escribir para que otros las lean y a ser posible, que las disfruten.

Y por eso estoy aquí, intentando escribir un blog sincero. Por eso mi post anterior, “El jazmín azul”, es algo vacío, aunque sea verdad todo lo que cuento. Y me agobio un poco porque no sé bien cómo utilizar twitter, cómo escribir en el blog. En cierto modo, creo que el niño que escribía historias a bolígrafo en libretas cuando era pequeño sigue aquí diciendo “eh, miradme, mirad lo que escribo”.

Sí, este es el blog que quiero escribir, Así, de este modo. Pero con entradas más cortas, ya lo sé.

Gracias.

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