La fragilidad humana

Hoy he visto a una alumna de Bellas Artes llorar. Yo trabajo allí. Una amiga se le acercó, empezaron a hablar, y por el tono de voz agudo de la chica supe que estaba angustiada por algo. Y enfadada. Acabó llorando mientras su amiga le daba un abrazo. Mientras las veía pensaba en lo frágiles que podemos ser, y lo duro que es no tener consuelo en algunos momentos. Cuando niños, tenemos el consuelo de los padres, o al menos así debería ser. Pero nos convertimos en adultos llevando con nosotros cierta fragilidad.

Como psicólogo, he visto con frecuencia lo difícil que le resulta a la gente ser consciente de su vulnerabilidad. Experimentar ese sentimiento es aterrador para muchas personas. Quizás no lo sea por el sentimiento en sí, sino por el temor a no hallar consuelo mientras lo vivimos. Somos frágiles, de una extraña dureza frágil.

Todo esto que te estoy contando empezó hace unos días yendo en autobús y mirando las hojas de los árboles. Hastiado, cansado y aburrido, frustrado y enfadado. Como esos momentos en las películas en las que el protagonista va en la nave espacial y está a punto de chocar contra el enorme asteroide y se da cuenta de que ya da igual, que el desastre es inevitable. Y pensé: “voy a escribir algo sobre esto, sobre ir directos al desastre. ¿Por qué no? Welcome to Desastre“. Ahí siento que voy yo este fin de semana. Ya os contaré.

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Me gusta esa idea. Lanzarte al desastre. No me refiero a que arriesgues tu salud, tu trabajo, tu dinero, tus amigos, etc., sino ir directos y conscientemente hacia un desastre. Y no hacer nada, no resistirse. A ver qué pasa. Luego me pareció una tontería, y no lo escribí.

Hoy, al ver a esta chica, pensando sobre la fragilidad humana, sobre lo difícil que resulta a veces estar en este mundo (y que conste que os habla alguien que tiene salud, trabajo…), sobre los modos en los que ocultamos nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad. ¿Son la misma cosa? No lo sé. Quizás no. Ser vulnerables no nos convierte en frágiles, pero tal vez esa fragilidad humana sobre la que hoy estoy pensando sí que nos da la oportunidad de sentirnos vulnerables.

Luego pensé en los libros. En las historias que leemos que nos conectan precisamente con esa fragilidad, que nos emocionan, nos hacen llorar o soñar. Pensé en la fragilidad como un punto de entrada a nuestro interior. Y también como un punto de salida, de expresión. Luego pensé en que quizás todo esto no tiene ningún sentido, y simplemente es que estoy cansado y llevo una mala semana. Quizás es mi propia fragilidad la que está hablando, y se ha visto animada a expresarse al ver la fragilidad de otra persona.

Y luego, porque esta semana ha dado para mucho, me he dado cuenta de que el relato que he escrito, y que ahora estoy revisando, habla sobre la fragilidad, en cierto sentido. Y no digo esto como una maniobra hábil para promocionarlo. Al final, todo esto acaba girando en torno a la fragilidad. Que no debilidad. No deben confundirse.

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