Obsesiones y creaciones. Y charcos.

Tienes obsesiones, confiesa. ¿Qué haces con ellas? ¿Te ayudan a crear? ¿Las dejas desatendidas?

El otro día vi el documental “Someone to love”, sobre la vida y trabajo de la fotógrafa Cristina Núñez. Impresionante. Te recomiendo que lo veas. Te dejo el enlace: https://vimeo.com/46802785

Esta mujer creó su propio aprendizaje, o proyecto, o método – como sea que haya que llamarlo – a partir de algo suyo: su propia experiencia haciéndose autorretratos y retratos a otras personas. Luego dio talleres, llevó ese aprendizaje personal, de vida, a otras personas.

Después de ver este documental hice algo que me encanta hacer: descuartizarme. No literalmente, claro. Pero sí de manera figurada, metafórica, intelectual y emocional. Volver los ojos hacia dentro y analizar mi propio trabajo a la luz del trabajo de esta mujer, a quien no conocía antes; quizás no me guste nada más de ella, pero ya os digo que este documental me ha emocionado.

Y entonces comencé a preguntarme acerca de la creación cualquier  sistema personal. En realidad estaba pensando en un sistema propio de trabajo, como psicólogo, donde combino psicología, movimiento, danza, meditación… Nada original, no te creas. Hay varios así. Sé que cada vez que analizo este sistema de trabajo, o cualquier otro sistema o proceso de trabajo personal, hay que tratarse con mimo que ya hay bastante capullo por ahí para darte malos ratos. Pero uno no puede descuartizarse y a la vez ser indulgente. O quizás sí.

Sí, creo que sí.

Pero no es el caso ahora.

Empecé a preguntarme de dónde venía todo este sistema. Cuando empiezo a darle forma, y por qué. Para qué. Con qué motivo, con qué razón. Me pregunto cuáles son mis materiales auténticos, mis motivaciones reales, mis preguntas, mis inquietudes, mis fronteras, mis miedos, mis obsesiones.

Bonita palabra: obsesiones.

Empieza por tus obsesiones.

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No te confundas: no todas tus obsesiones están agazapadas en la oscuridad. Muchas de ellas, quizás la mayoría, se muestran a la luz del sol. Y ahí se esconden mejor.

Empecemos por las obsesiones. Obsesiones creativas, aunque por el momento vamos a dejarlo sólo en obsesiones a secas. ¿Qué cosas te obsesionan? ¿Qué cosas te han obsesionado?

Tal vez esas obsesiones aparezcan en los libros que te gusta leer, o en las historias que te gusta escribir. En la gente que prefieres frente a la que no. Los lugares a los que vas y los que evitas.

¿Cuál es la búsqueda que te obsesiona?

Ante esta pregunta, quizás no tengas respuesta. Yo me la acabo de hacer y aparece una especie de fondo de imágenes en mi cabeza, un caleidoscopio de colores, figuras y sensaciones. Tendría que pararme para desgranarlo todo.

O para descuartizarlo, si lo prefieres.

Venga, te cuento algunas de las mías:

1) La magia. Siempre, siempre la magia. Desde que era pequeño. El poder. La invulnerabilidad del mago, y también su debilidad, porque los magos parecen débiles, cubiertos solo por su túnica, sin armadura, sin nada que les proteja en la lucha. Salvo su magia.

2) Perderme algo, en alguna parte: estar aquí y sufrir porque allí (en cualquier allí) haya algo igual o mejor que me esté perdiendo. Con esto me resultó de ayuda el Eneagrama, un antiguo sistema sobre los tipos de personalidad que incluso algunos escritores utilizan para crear sus personajes.

3) Sabiduría. Conocerlo todo, saberlo todo. Esto lleva a algo que en ocasiones me define a la perfección: soy un aprendiz horrible. Y guarda relación – ahora lo veo – con el miedo a estar perdiéndome algo.

4) Misterio. Otra de las grandes. Siempre una pregunta por responder, una pista por seguir. Algo que falta, algo que no sé. También puede guardar alguna relación con el miedo a estar perdiéndome algo, aunque en este caso es evidente (no hay misterio si lo sabes todo).

5) La oscuridad, con minúscula, y la Oscuridad, con mayúscula.

6) El miedo.

Combinadas, y viéndolas ahora, creo que están presentes en casi todas las ideas que tengo para, por ejemplo, escribir. Algunas las puedo expresar mejor, otras son sólo una percepción difusa de algo. ¿Lo están también en otros proyectos o facetas creativas de mi vida? ¿Y en mi vida en general?

Revisa tu lista de obsesiones y hazte las mismas preguntas. Y las que se te ocurran. Porque ahora viene la segunda parte.

 ¿Cómo he expresado esas obsesiones? La expresión creativa.

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¿Cómo las has expresado? ¿Cuáles has expresado? ¿A quién? ¿Cuáles han sido las consecuencias? ¿Cuáles no expresas ni has expresado nunca?

Algunas quizás no las has expresado pero se han ido filtrando durante años en uno o varios aspectos de tu vida, incluyendo lo que lees y lo que escribes: qué tipo de libros y de historias te gustan, y qué tipo de historias escribes. Pero cuando algo se filtra no controlas a dónde llega, así que puede que haya alcanzado algo más.

¿Te sirven estas obsesiones para crear algo? ¿Guían tu vida, en algún sentido? Ya sea claramente desde el pescante o escondidas junto a los caballos susurrando a sus oídos. ¿Están en la cabecera tirando del tren o las tienes en cola, tirando de ellas? ¿Te impulsan o te frenan? ¿Te dan aliento o tienes que estar continuamente sanándolas?

De hecho, esas preguntas no tratan sobre cuestiones diferentes sino que dibujan una especie de Ouroboros, una serpiente que se muerde la cola, donde no hay principio ni final. Un círculo. La vieja historia, sí, de sanarlas al crecer a través de ellas. Vieja pero efectiva.

¿Lo estás haciendo así? Si no estás en ese círculo con tus propias obsesiones creativas, puede que tu proceso creativo no te refleje a ti, sino a otros. Obsesiones prestadas; y por tanto, proyectos prestados. Historias prestadas.

Y charcos.

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Porque esto también va de charcos. Pensando en todo lo anterior vino a mi mente la ida de un espacio esperando para ser llenado. Mi cerebro lo convirtió en un charco, supongo que porque estaba lloviendo ese día.

Así que piensa en un charco. En realidad, piensa en un hueco en el suelo, antes de ser propiamente un charco.

Una vez que el hueco está – en el asfalto, en la tierra – cuando llueva, se llenará de agua y se formará un charco.

Una vez el hueco se ha formado, el charco se llena con la primera agua que cae. Quizás te gustaría que se hubiese llenado con la segunda lluvia que era agua más limpia,  o con la cuarta que era agua más sucia. Cada cual prefiere sus charcos. Pero el caso es que, salvo que pongas remedio, el charco se llena con la primera agua que cae.

¿Es esa el agua que quieres? ¿Puedes hacer algo para evitarlo?

Puedes tapar el charco. ¿Qué tonto, verdad? Creas un tejado para el charco o en cuanto empiece a llover vas al charco – todavía un hueco – y lo tapas con la mano. También puedes ir luego, con el charco formado, y sacar el agua.

¿Dejas que tus huecos se llenen con lo primero que cae en ellos? El primer libro, la primera idea, el primer relato. ¿Cuál es el primer modo en que actúas sobre tus obsesiones? ¿Dejas que se llenen, se calmen, se inunden, con lo primero que cae sobre ellas? ¿O pones la mano encima y las tapas, las proteges, o si se llenan de lo que no quieres, te tomas la molestia en sacarlo?

La idea de vigilar y cuidar las obsesiones te puede parecer estúpida. Normalmente pensamos sobre las obsesiones como cosas dañinas que nos arruinan la vida. La palabra tiene esa connotación. Pero somos listos, o más que listos, expertos en dobles raseros, y la diferencia entre llamar a algo obsesión o dedicación a veces sólo está en lo que rellena el charco: lamer bombillas o escribir, por ejemplo.

Porque las obsesiones pueden cuidarse. Una obsesión es el hueco en el suelo sin llenar: un vacío, un atractor. En torno a él se organizan varios aspectos de tu vida, de tu escritura, de tus intereses, y quizás debamos evitar que se llene con lo primero que llegue sólo porque sea eso, lo primero. Y aún lleno, hemos de estar continuamente vaciándolo – y no esperar siempre a que se vacíe por su cuenta – y dejándolo listo para acoger agua nueva.

Protege a tus obsesiones, a tus obsesiones creativas. Mira a ver qué hacen, qué buscan, qué están creando. Ponles un tejado si lo necesitan, y vacíalas si no te gusta lo que contienen o lo que crean.

Y si estás escribiendo y te gusta el charco que se está formando, pero no te convence del todo, pues déjalo que se llene, y luego ve y llena otro. Y otro, y otro. Una obsesión, una obsesión creativa, no se agota en el primer proyecto. Cambia, crece, evoluciona.

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2 comentarios en “Obsesiones y creaciones. Y charcos.

    • De nada, Javier. El trabajo de Cristina Núñez me parece muy interesante: cómo surge de su propia vida y como lo revierte en ella; el aprendizaje y la transformación que le ofrece.
      De lo demás, cuando sepas qué pensar, estaré encantado de que lo compartas! Tampoco yo sé qué pensar muchas veces sobre lo que escribo… Gracias por comentar, y un abrazo!

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