El año que vivimos colapsadamente

Uno de mis grandes miedos, viejo enemigo conocido, es el colapso. No es la quietud, eso es diferente. El colapso es la detención de todo impulso. El espacio vacío. No, no es espacio vacío. El colapso es la vida guardando el aliento esperando a ver cuál es tu siguiente gesto, tu siguiente paso.

Y el colapso puede perdurar. Y moverse como un todo. Un año completo sin que nada cambie – al menos en apariencia. En realidad no ha sido tanto, porque al final, aunque ese “al final” sea más tarde de lo que uno esperaba o quisiera, el movimiento no puede detenerse, y las cosas cambian sin querer, como cambia todo en realidad, incluso lo que queremos que cambie.

Un año de colapso en la rutina. Un año de colapso ejercitado y bien entrenado en horas de decidir si mejor este blog o aquél. Un año de colapso cambiando de proyecto: ahora escribo esto, ahora aquello, ahora me lamento por lo que no estoy haciendo, ahora me pongo nervioso porque está llegando lo que quería.

No sé si los pasos cortos son los más adecuados para salir del colapso, o mejor optar por una carrera rápida sin mirar atrás. Tal vez importa más aquello de la constancia. A la hora de escribir, desde luego parece funcionar.

Leo otros libros y leo lo que voy escribiendo. Lo mío me parece muy largo y lo que leo me parece muy corto. Sin embargo, me gusta así, corto, y entonces mis párrafos me parecen larguísimos. Y opto por pasos cortos. Contar menos. ¿Cómo era aquello? “Entra lo más tarde posible”. Entonces, ¿entrar lo más tarde posible y contar lo justo?

Pero el colapso es un capullo. No me refiero a que sea un cabrón, que también, venga. Un capullo de esos que se solidifica por fuera mientras gesta el cambio por dentro. Sí, metáfora manida hasta el aburrimiento pero que nos sigue fascinando quizás porque en algún momento dado a todos nos gustaría poder hacer eso: convertirnos en un capullo (en todos los sentidos), esperar y salir transformados. Así como sin hacer nada, al menos en apariencia.

Y quizás sí podamos hacerlo. Quizás si podemos ser unos capullos. Quizás nuestra forma de hacer el capullo sea el colapso. La transformación a pasitos cortos. Párrafos cortos. Frases cortas.

“El camino está bajo tus pies.” (Issan Dorsey)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s