Escritores quimera

Algunos de nosotros hacemos muchas cosas y a veces muy diferentes. Y nos cuesta dejar alguna de lado en pro de las demás. Parece que somos capaces de eliminar intereses menores pero más pronto o más tarde llegamos a una especie de núcleo, inamovible, indivisible. Y muchas veces ese núcleo parece estar compuesto de varias partes. Partes que, esta vez, no estamos dispuestos a separar. O no queremos hacerlo, no queremos dejar alguna de ellas fuera.

Al menos ese es mi caso. Hay muchos intereses que compiten por hacerse un hueco y demandan atención. Y entre ellos, hay algunos que destacan por encima del resto. Uno de ellos es escribir, por supuesto. Algo que ha estado ahí siempre aunque durante muchos años lo dejé de lado.

Junto a ser escritor, hay otros como la psicología, por ejemplo. Doctor en psicología, me intereso e investigo en temas diversos (de nuevo múltiples intereses) tales como consciencia, ideaestesia, parapsicología, creatividad…

Así, combinar esos elementos dispares que nos interesan y nos conforman parece algo imposible. Una quimera.

quimera

Si buscas en Google el significado de quimera, la primera definición que obtienes es: “sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice”.

Ahí lo tienes. Una ilusión que perseguimos pero que es muy poco probable que logremos. Cultivar esos diferentes intereses a la vez es un sueño que anhelamos, pero que parece condenado al fracaso. Llegados a este punto es fácil encontrar la recomendación habitual: escoge, céntrate en algo, elige. Es un buen consejo, admitámoslo. Hay que soltar algunas cosas. La cuestión está en que cuando alcanzamos ese núcleo del que hablaba antes y volvemos a necesitar un consejo, nos encontramos el mismo. Y si antes hemos estado de acuerdo en dejar el punto de cruz o la repentina pasión por la supervivencia invernal, ahora todo nuestro ser se contrae para proteger ese núcleo que (nos damos cuenta horrorizados) no es homogéneo sino una amalgama de cosas.

Como el yo o la identidad, que no es algo “en bloque”, un elemento y ya está.

De modo que ese núcleo se nos revela como una aglomeración de elementos que para nuestra desgracia suelen tener poco en común en el mejor de los casos, o ser totalmente opuestos en el peor. Y aquí repasamos la segunda definición de quimera que nos ofrece Google: “Monstruo fabuloso que se representa con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón”. Las descripciones varían, y en otros lugares aparece con cola de serpiente, a veces con alas de dragón y a veces sin ellas, e incluso con las tres cabezas (león, cabra y serpiente) saliendo del mismo cuerpo (de cabra). Variaciones aparte, nos queda clara la idea de que es una criatura que puede ser de varias formas, a cual más imposible. Claro: es una quimera.

La quimera no parece en principio un animal “bonito”, según, claro está, lo que cada cual entienda por bonito. Sus descripciones varían en función de quién cuente la historia, cosa habitual en el ser humano. Así tenemos el mundo lleno de quimeras, que existen pero que no, y que sólo algunas personas alcanzan a ver o disfrutar mientras el resto se la pasa pues eso, persiguiendo quimeras.

Pero queda claro que al margen de las variaciones en su descripción, la quimera tiene elementos de tres animales: león, cabra y serpiente. Me resulta curioso que haya una parte de cabra. Tenemos muchos sesgos con respecto a los animales, somos muy elitistas a la hora del antropomorfismo, por ejemplo, y viceversa. Nos gusta lo chamánico pero todos quieren ser lobos y pocas personas quieren ser truchas, por ejemplo. Somos exquisitos. Y por eso me llama la atención que haya una cabra, un animal que no tiene el glamour que tiene el león, poderoso, o la serpiente, alucinante. La cabra es como el elemento discordante que tan buen papel juega en películas o novelas: esa cosa rara que no pega pero que da sentido, o alegría, al conjunto. Según el mito, la cabeza de cabra sería la que permite a la quimera sobrevivir en épocas de escasez.

En definitiva, tenemos una cabeza de cabra. Una cabra loca, entre dos animales simbólicos mainstream (no me he resistido a poner esta palabra), lo cual convierte a la quimera en algo aún más interesante, divertido y hasta sarcástico; una criatura mitológica que parece reírse de sí misma: ¿quién se pondría una cabeza de cabra? Lo sé: la quimera no ha elegido qué cabezas tener.

La quimera me gusta. Es un símbolo de la unión con mayor o menor acierto de varias energías diferentes. Distintos animales, atributos, deseos, modos de ser y estar. Una unión imposible, de ahí el significado de quimera como algo que no existe, que no puede existir. Porque no podemos unir elementos tan dispares, ya sean cabras, leones y serpientes, o fuerzas contrarias en nosotros mismos.

Siempre me he rebelado contra esta idea de no poder unir lo contrario. Quiero decir, ¿por qué no? A la quimera no parece irle mal… o tal vez sí. Al menos la quimera echa fuego por la boca, y eso es algo que creo a todos nos habría gustado hacer alguna que otra vez. Quizás por eso algunos escribimos historias, las bailamos o las cantamos. Las representamos. Echamos fuego que no es fuego en el fondo, pero que nos quema y a veces quema a los demás. En el buen sentido.

¿Podemos ser quimeras? La quimera es fea, repele. Quizás sea el modo que el inconsciente colectivo o alguna especie de mente global tiene de decirnos que no podemos unir varias cosas diferentes, como no podemos unir distintos grupos de amigos en la misma reunión (o más bien no debemos, porque poder, podemos). El caos de la imagen de la quimera es quizás la razón por la que abrazamos con tanta facilidad la afirmación de que “no podemos hacer varias cosas, debemos elegir”. Y elegimos quedarnos con una cabeza, la que más nos guste, la que más venda, la que nos parece más adecuada. Pero las demás cabezas siguen ahí.

Según la interpretación del mito de la quimera, al tener tres cabezas parece que puede alternar cuál es el aspecto dominante en cada momento, lo que le ofrece mayor adaptabilidad y resistencia. Alternar: la palabra que ofrece la opción, un tanto peregrina, para los que se niegan a cercenar algunas de sus cabezas. Y es que una criatura con tres cabezas, que además puede alternar como dominante o principal la que quiera cuando quiera, no parece una criatura fácil de dominar. De hecho, a pesar de ser criada como mascota, la quimera no estaba del todo bien domesticada. Es un animal con un punto salvaje, indomable. Quizás incluso indomable para ella misma.

Alternar cabezas: la ventaja de la quimera. Alternar elementos dispares en su propio beneficio. El zodiaco, el eneagrama, la rueda medicinal… representan un conjunto compuesto por elementos dispares donde cada elemento cobra su sentido y su relevancia en relación con os demás. No son cosas aisladas sino que se nutren y dan identidad unas a otras. Géminis es Géminis por las diferencias con Escorpio, por ejemplo. La primavera es lo que es porque existen el verano, el otoño y el invierno. Son sistemas cuyo sentido está en lo cíclico frente a lo lineal. Y lo cíclico, por definición, conlleva opuestos y elementos dispares que no se pueden integrar: verano, invierno, otoño, primavera; agua, aire, tierra, fuego; leones, serpiente y cabras.

Todos elementos cíclicos conviven formando un conjunto que funciona como una unidad. ¿Por qué tú no? Una vez que hemos desechado aquello que en efecto nos roba tiempo, energía, recursos…, una vez que damos con el núcleo, si ese núcleo tiene tres cabezas, si se trata de un ciclo de exploración como la misma vida, ¿por qué guillotinar algunas en lugar de buscar un modo de nutrirnos?

Porque si hacemos eso, nos convertimos en quimeras.

La fuerza de estos sistemas circulares, cíclicos, está en la convivencia — alterna — de los elementos diferentes, ya sean los signos del Zodiaco o las cuatro estaciones. Eso no quita para que unos signos o estaciones te gusten más que otros, te sientas más identificado con ellos o te resuenen más, al igual que te gustan unas historias más que otras, unos temas más que otros o unos personajes más que otros.

O unas cabezas más que otras.

¿Eres un escritor quimera? Es muy probable. Además de escribir seguro que hay alguna que otra pasión o interés que seguro te “roba tiempo” para dedicarlo a la escritura. Esto es sólo una reflexión, y quizás equivocada. Pero prueba, alterna. Escribir puede nutrirse de otras cabezas, ya sea criar granjas de caracoles o el Tai-Chi. Identifica los elementos de tu núcleo, y ponlos a tu servicio.

Y una última pregunta. Si eres escritor quimera, ¿escribes también de esto y de aquello? ¿Te gustan varios géneros, o temas, o ideas? En mi caso la respuesta es sí: fantasía (épica y oscura), horror, misterio… y esto en novela, que aparte están los ensayos, artículos…

Pues estoy dándole forma a un proyecto personal muy sencillo, para escribir como quimeras, de esto y aquello. Te lo contaré en breve. Mientras, puedes comentar si quieres… o hablar con la quimera que ronda este blog.

Me interesa tu opinión o tu experiencia sobre este tema. ¿Tienes también varias cabezas a la vez y no quieres soltar ninguna? ¿Tienes ideas y relatos sobre temas y géneros diversos? Cuéntamelo en comentarios y hablamos. Y si quieres compartir esta entrada, sería fantástico. ¡Gracias!

 

 

Anuncios

5 comentarios en “Escritores quimera

  1. Excelente entrada, Óscar. Y pues sí, creo que además soy una especie de quimera dentro de una quimera. En cuanto a tener otra pasión, por supuesto, la música, tan así que me vi en la disyuntiva de decidir por ella o por las letras, pues llevar las dos a la par no es posible (ambas celosas, ambas demandantes). Sin embargo, la música nunca me ha alejado de la escritura (por ello creo que me decidí por la opcion correcta).

    Ya dentro de la literatura sí soy un autor quimérico, ya que a la par, sin preponderancia de ninguna de ellas, escribo poesía, narrativa y dramaturgia, y en las tres nado como pez. Y para remate, dentro de la narrativa, no me concreto a una sola temática, pues disfruto tanto el suspense, el policiaco, el realismo, la fantasía, la ciencia ficción, etc., etc., como la narrativa clásica y la híbrida, buscando entremezclar todo esto conforme me lo exija la historia y sus personajes.

    La quimera es el símbolo que los griegos usaron para posibilitar lo imposible y hacerlo permanente, siento yo. De ahí las tres cabezas, de ahí la conjunción extraña de animales.

    Un abrazote, Óscar, y nos seguimos leyendo.

    • ¡Exacto, Ernesto! Lo has expuesto muy bien, creo que hasta mejor que yo. Somos seres quiméricos con varias pasiones e intereses que como dices pueden ser muy demandantes. Me gusta eso de que la música no te ha alejado de la literatura; esa era la idea que quería reflejar, en parte. El que de las muchas posibles “cabezas” de quimera, una vez eliminadas las – llamémoslas – distractoras, queda el núcleo dura, y ahí es donde una puede ser complementaria a otra, y opuesta a la vez. Y al final hay alguna cabeza que se pone “a la cabeza” 🙂
      Y sí, ser un autor quimérico era la otra idea que quería expresar. Vas a una librería y los libros están clasificados por géneros. Es fácil encontrar lo que buscas, pero cuando escritor es quimérico, como tú, no se limita a un sólo género.
      Me apunto la frase “La quimera es el símbolo que los griegos usaron para posibilitar lo imposible y hacerlo permanente”, me encanta.
      Gracias por comentar. ¡Un abrazo!

      • Un gustazo, Óscar. He disfrutado mucho de tu respuesta,q ue viene a enriquecer lo que pienso al respecto del tema que trataste en la entrada.

        Abrazote transatlántico y buen fin de semana.

  2. Hola Oscar… me encanta tu artículo…. El otro día en una jam de contact me dijo my partner… “Estoy aquí”… y se me han quedado estas palabras resonando…. pq es como que hay un “núcleo” mas profundo, más allá de los intereses, que está ahí, que está aquí en realidad… estoy aquí, aunque me cueste a veces ser consciente de ello, de que soy más allá de lo que hago, de la actividad a la que me dedico o de la forma que tomo, ensueño, emoción, pensamiento…
    Bueno…. un abrazo. Paulino.

    • Hola Paulino,
      Sí, entre el movimiento de los intereses y la actividad que hacemos, hay ese núcleo que es difícil de aprehender. Decimos “soy psicólogo” o “soy bailarín” o “soy escritor”, pero ninguna de esas etiquetas agota lo que somos en realidad, y lo que somos tampoco es la suma de todas ellas en realidad. Cuando planeo historias, relatos, cuando escribo algo, siento que no sólo soy un escritor (como si eso fuera algo homogéneo). Muchas de las inquietudes, miedos y anhelos que descubro en otras áreas de mi vida tiñen en ocasiones laa historias que creo al escribir, los personajes que “invento”, los temas…
      Por eso escribí esto: quería transmitir esa idea de hacer las paces con esas amalgamas imposibles que somos a veces y utilizarlas en el proceso creativo, sea cual sea.
      ¡Un abrazo, y que nos veamos pronto!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s