No eres nadie hasta que te corrigen

Seguro que has oído aquello de que si cae un árbol en el bosque y no hay nadie para oírlo, ¿hace ruido? Algún científico te dirá que sí y se cargará la magia y el misticismo del momento koan. Así que pasa de árboles. Si escribes algo y nadie lo lee, ¿cómo sabes si es bueno o malo?

lectores beta

Deja que te miren. Deja que te lean.

El otro día recibí las primeras críticas a un relato mío por parte de varios lectores beta. Quitando la opinión de amigos y familiares sobre otro relato diferente que escribí hace un tiempo, estas son las primeras críticas profesionales, digamos, que recibo.

He leído opiniones tanto a favor como en contra sobre los lectores cero o beta: Isaac Belmar nos cuenta por qué no tienes lectores cero; Gabriella Literaria nos cuenta cómo conseguirlos y sacarles partido, y Ana González Duque nos ofrece una guía para elegirlos.

Para una persona como yo, obsesionada con la perfección absoluta en cada cosa que hago, recibir una crítica no pinta nada bien en principio. Soy de los que no celebran sus logros pero se critican con fuerza por sus fallos, por pequeños o inexistentes que sean.

Así que imaginad lo que ocurrió cuando leí las críticas y comentarios.

Pues no…

No son malas críticas. No lo consideran un mal relato, pero desde luego señalan varios fallos y cosas a mejorar. Yo los leo y los vuelvo a leer, y en lugar de deprimirme o flagelarme, de forma casi milagrosa, salgo a flote.

Eso no lo he escrito yo. Eso ha sido escrito, simplemente.

Sí, he usado un adverbio acabado en “mente”. Ódiame, King.

Tras leer los comentarios, en lugar de ponerme del lado del relato y defenderlo a muerte, lo que hice fue ponerme “del lado” de los lectores beta. Así, sin darme cuenta. De forma automática. Y aunque creo algunos de los comentarios son erróneos, en seguida me doy cuenta de que lo son no porque no tengan razón, sino porque yo he escrito el relato y sé lo que hay detrás, pero ellos no. Y en el juego de la escritura, las apuestas van a favor del lector. No tiene por qué saber nada de lo que hay detrás. No tiene por qué saber que hay todo un mundo creado que quiero desarrollar en una novela. Él sólo tiene ese relato, y si dice que esto falla o esto no se entiende, o lo que sea, no puedo decirle “es que te falta el resto”, porque no le falta nada. Tiene todo lo que necesita: el relato.

Así que de forma totalmente inesperada me encuentro, mientras leía los comentarios, contemplando el relato como algo que yo no había escrito, sino como algo que alguien había escrito. Viendo sus fallos, y no sólo ortotipográficos. Reconociendo los errores, las faltas y apuntes que exponían los lectores beta e ignorando los que no consideraba acertados (pocos). Pero sobre todo desligado de mi relato, viéndolo como algo a lo que hay que meterle mano, retocar, cambiar.

Y sobre todo, anticipando las ventajas que esos cambios iban a producir no sólo en el relato, sino también en la novela relacionada que vendrá después.

No me des consejos; dame ejemplo.

No me gusta que me corrijan, ya lo he dicho. Es algo natural, en parte. Depende mucho de quién te corrija, qué esté corrigiendo y cómo lo haga. Por ejemplo, los psicólogos recomendamos que cuando un niño haga alguna trastada no se le diga “eres malo” sino “eso está mal”. La atención se lleva al acto, no a la persona. Y además, se le debe ofrecer indicaciones de como hacerlo bien, o al menos de como hacerlo diferente. Ofrecer una alternativa. “Eso no se hace así; mira, se puede hacer así”. Esto que parece muy simple funciona bastante.

Y, ¡fíjate!, ha funcionado con mis primeras correcciones. No me he sentido un mal escritor. No me ha molestado que me digan cosas “malas”. En parte porque también me han dicho cosas “buenas”, pero sobre todo porque cuando han criticado algo lo han hecho ofreciendo diversas posibilidades para mejorarlo.

Y sobre todo he visto quién hay ahí, por mi parte, tras las primeras críticas. Y a pesar de mi perfeccionismo obsesivo, mi nivel de exigencia elevado al absurdo, mi facilidad para al autodestrucción comparativa, resulta que lo que hay detrás parece que es un escritor profesional. Un escritor que ve lo que ha escrito no como un hijo al que proteger de los monstruos que vienen a comérselo, sino como algo que puede mejorarse, que debe mejorarse. Y aunque parezca contradictorio me sentí mejor, con la autoestima más alta, con más confianza para seguir escribiendo. Alguien más profesional.

No es que no seas nadie hasta que te corrijan. Es que cuando te corrigen aparece un yo diferente al que escribe. En mi caso ha sido experimentar una visión más desapegada y profesional sobre el texto. Sólo el texto, no yo. Texto como un material con el que trabajar, imagino que como un carpintero puede mirar la madera con la que trabaja. Y sólo pensar: esto hay que quitarlo, sí. Esto se puede arreglar, es verdad. Esto, lo otro…

Esa visión profesional ha surgido gracias a los comentarios de los lectores beta. No es que antes no fuese crítico al escribirlo, ni que pensara que no necesitaba revisión. Lo interesante ha sido mi reacción a la corrección.

Así que lánzate a ser corregido. A ser evaluado. A ver lo que escribes a través de los ojos de otra persona. Sigue el consejo de varios escritores de mostrar tu trabajo más allá de tu círculo de amigos y familiares. Lánzalo a las fieras y cuando lo devuelvan destrozado te puedes sorprender, como yo, señalando los restos y diciendo “ahí no habéis mordido”.

Exponte a la crítica y observa qué ocurre. ¿Ya lo has hecho? Cuéntame.

 

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8 comentarios en “No eres nadie hasta que te corrigen

  1. Hola, Óscar
    Llevo un tiempo bastante largo diciendo que corregir es mucho más tedioso que enfrentarse a la hoja en blanco, pero ahora casi lo prefiero. Es un proceso en el que se aprende mucho, es como ir a la mili XDDD

    ¡Un saludo!

    • Hola, David
      Desde luego que se aprende. Hasta ahora yo había corregido sobre lo escrito, pero sólo como segunda vuelta. Como cuento en el post, hay un relato que compartí con algunas personas hace tiempo. Recibí buenas críticas, pero nada similar a lo que ha sido exponerlo a lectores beta. Es un gustazo trabajar con algo que ya está ahí, aunque a veces parece que vas a “romperlo” como sigas cambiando y retorciendo 🙂

      Y además me da tranquilidad de cara a escribir un borrador, porque aunque sabes en teoría que es un borrador, cuando te hacen correcciones es cuando de verdad te das cuenta de lo que significa borrador 😉

      ¡Un saludo!

      • Tener buenos lectores Beta es importante y necesario, pero como tú mismo dices, hay que trabajar mucho 😀

        ¡Un saludo!

    • Hola,

      Esta experiencia con lectores cero o beta ha sido muy gratificante, aunque en general suelo ser muy autocrítico con mis errores. Pero en este campo parece que voy a tomármelo de otra forma 🙂

      Gracias por comentar.
      Un saludo.

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