Realismo mágico o fantasía: ¿pregunta innecesaria si eres escritor?

realismo mágico y fantasía vol II

En una entrada anterior, la primera de la Trilogía sobre Realismo Mágico y Fantasía, apuntaba que esta diferencia entre ambos géneros parecía tener mayor o menor sentido en función de con qué tipo de fantasía se comparase el realismo mágico. O lo que es lo mismo, que puedo cargar los dados de la comparación como mejor me convenga según el resultado que quiera obtener.

(Si por alguna razón que sólo tú conoces quieres leer el Volumen I de esta trilogía, puedes hacerlo aquí)

A modo de resumen, y siguiendo lo que nos dicen en writtingclasses.com, tenemos que el realismo mágico sitúa a los lectores en un mundo predominantemente realista mientras que la fantasía tiene lugar en un mundo irreal con caracteres irreales. Los ejemplos típicos que aparecen en casi todos los sitios son Cien años de soledad, para realismo mágico, y El señor de los anillos, para fantasía. Lo cual facilita establecer una diferencia muy convincente entre ambos géneros.

Pero descubría más cosas interesantes en todos esos foros y artículos, más allá de un listado de diferencias y similitudes.

 

Realismo mágico: ¿fantasía elitista?

Encontré un artículo interesante escrito por Jon Evans en tor.com. En sus propias palabras, TOR.COM es un lugar sobre “Fantasía, ciencia ficción, el universo, y temas relacionados”.

En ese artículo, titulado “Realismo mágico, no fantasía, lo siento”, Evans señala que la cuestión de si Cien años de soledad es un libro de fantasía es una cuestión que “nos conduce a una semántica tediosa con una simplicidad que hace muy fácil la discusión“. Y luego añade: “creo que vale la pena preguntarse ¿está realmente incluido el realismo mágico en lo que los lectores de fantasía quieren decir cuando dicen “fantasía”? ¿Es sólo un rótulo usado por profesores universitarios de alto nivel y críticos literarios para canonizar aquellas novelas de fantasía que les gustan y al mismo tiempo descartar a la fantasía como una mierda de género?

Sentimos especial predilección por categorizar en polos opuestos. Esa abstracción facilita procesos como la comprensión y la identificación. La idea del realismo mágico como “fantasía de calidad”, aunque pueda parecer una forma simplona de exponerlo, me resulta bastante interesante.

El propio autor del artículo establece dos polos en un continuo: fantasía surrealista, para referirse al realismo mágico, frente a fantasía sistemática, que sería la fantasía-fantasía: Tolkien, elfos, etc. Y afirma: “la fantasía surrealista, más que la sistemática, trata sobre las luchas y conflictos de nuestro mundo real”. Es decir, en el realismo mágico puede haber magia, por ejemplo un pozo que nos comunica con los difuntos, pero la cuestión que convertiría ese elemento, o incluso todo el relato, en algo más serio (a diferencia de la fantasía sistemática) es que la historia irá sobre cuestiones reales del mundo, quizás la pérdida de un hijo, la soledad, la angustia vital, un personaje que lucha por rehacer una identidad tras un conflicto personal o social… elige tú.

Y yo me pregunto, ¿esto no puede hacerlo la fantasía sistemática (por usar los términos del autor?) De hecho, ¿no lo hace ya? De acuerdo, si hablamos de un mundo de fantasía tipo Tolkien, no es un mundo semejante a nuestro mundo real (pero ¿y si fuera fantasía urbana?). Pero esa fantasía, o mejor dicho, la historia que se narra en ese mundo de fantasía ficticio (no real como nuestro mundo) puede hablar sobre emociones, miedos, motivaciones, etc., similares a las de nuestros asuntos del mundo real. El dolor de perder un hijo en una novela de realismo mágico, ¿no es igual que (atención spoilers sobre Juego de Tronos) el dolor de Cersei Lannister en la misma situación? Aunque el segundo caso tenga lugar en mundo de fantasía inventado, la expresión del sentimiento, lo que puede transmitir, el modo de contarlo e incluso el hecho en sí, ¿es menos en el segundo caso por ser sólo “fantasía”?

¿Y si un escritor logra emocionar más, transmitir más, reflejar más el dolor por perder un hijo en una historia fantástica con dragones y elfos, o en una fantasía urbana, que en una historia de realismo mágico? ¿Y si el lector se identifica más? ¿Y si hay mayor conexión? Entonces, cargamos las tintas contra el lector y lo tachamos de torpe, tonto, por preferir y emocionarse con la muerte del hijo de una reina de una novela de fantasía en lugar de llorar la muerte del hijo de una trabajadora del campo en un pueblo perdido, pobre y miserable.

¿No sería eso ser un poco elitista?

 

Fantasía: escapismo literario occidental

En ese mismo artículo de Tor.com, Evans afirma que los occidentales escribimos fantasía y en los lugares del mundo en peor situación social y económica, escriben realismo mágico. Este punto es interesante, y lo retomaremos en el tercer volumen de la esta trilogía. Pero mientras, una reflexión.

Supongamos que sea cierto. Los occidentales que vivimos sin los problemas de esos lugares en los que habita el realismo mágico, ¿y si estuviésemos sacando a través de la fantasía demonios sociales y no sólo personales, propios de la imaginación o vivencia de cada autor? ¿Y si estuviésemos gritando entre líneas acerca de las cosas que están en la sombra de nuestra sociedad perfecta? Tal vez la fantasía oscura, la fantasía urbana, el horror… sean, en algunos casos, un modo intencional o no de exponer las miserias de nuestra sociedad, no sólo en referencia a cuestiones “externas” (sociales, económicas, religiosas, morales) sino internas y propias del ser humano: miedos, obsesiones, temores, ambiciones, múltiples facetas tras la cara de felicidad, etc. Como he dicho más arriba, son muchos, incluido el autor del artículo, quienes hablan de un continuo entre fantasía y realismo mágico.

 

¿Quién necesita etiquetas?

A la semana siguiente, y en esa misma página (tor.com), Brian Slattery escribe un artículo en respuesta al anterior: “las cuestiones sobre las definiciones de género son cuestiones sin fin, pero es divertido hablar sobre ello porque llegan al corazón de por qué cada uno de nosotros ama los libros“.

Slattery menciona el ensayo The Novelist at the Crossroads, (1971), escrito por el crítico literario David Lodge, en el que al autor señala varias ideas interesantes:

  • Para el escritor, las cuestiones de las etiquetas literarias y su importancia para lo que está tratando de lograr no son limitaciones: son opciones. Son tan importantes como el escritor quiere que sean. El escritor puede elegir trabajar dentro de los límites de un género particular y escribir la ficción realista directa o la fantasía surrealista más surrealista. O, puede mezclar y combinar las reglas de estos géneros.” (Lodge, 1971)

O dicho de otra forma, por el propio Slattery: “desde el punto de vista del escritor, los géneros literarios no son categorías; son herramientas en una caja de herramientas. ¿Qué herramientas, y cuántas, debería usar el escritor? Depende de lo que estés tratando de construir, ¿no?

Esta libertad no la tiene el crítico, y como dice Lodge:

  • Los críticos necesitan que las diferentes etiquetas de género signifiquen algo porque las necesitan para hacer bien su trabajo (…) Pero los escritores no necesitan que las definiciones sean duras y rápidas, y tampoco lo hacen los lectores“.

¿Para quién son más necesarias entonces la etiquetas? Es una pregunta que da para mucho. La retomaremos otro día.

 

Literatura infantil, ¿realismo mágico?

Otro foro interesante que encontré sobre el tema fue este en absoluwrite.com. Hay varios artículos y opiniones interesantes, pero uno que me llamó la atención fue el que planteaba si algunos libros de fantasía infantil podían considerarse realismo mágico.

Ton Lew hace un comentario a este respecto: “incluso Peter Pan podría considerarse realismo mágico con su uso de un perro como una niñera, y que la Sra. Darling no se preocupe por haber capturado la sombra de Peter; su preocupación es más que ha habido un niño extraño en la casa.

Otra participante en el foro, Adrienne, añade: “estoy de acuerdo en que el realismo mágico tiende a tener un elemento mucho más profundo en su definición, que no siempre se encuentra en los libros infantiles y que tiene un lugar específico en la literatura latinoamericana. Sin embargo no creo que esté equivocada al clasificar mis libros como tales. No son ni fantasías altas ni bajas, y me tomó mucho tiempo encontrar una categoría en la que realmente sentí que pertenecía (crean o no, mis libros también son comentarios sociales, a pesar de que “sólo” son libros infantiles).” Esta mujer afirma sentirse contenta precisamente porque su libro no encaja en ninguna categoría, como ella misma cuenta en su blog.

Y para terminar, un último comentario en ese mismo foro que viene a resumir todo lo que venimos hablando: “hay muchas definiciones disponibles para el mismo concepto. Esto es un problema. Y esas definiciones tienen agujeros”. Y todo este artículo gira en torno a una pregunta: ¿una definición general tiene sentido si eres escritor o solo “desde fuera” (editor, crítico, librero, etc.?

 

Pero yo he venido aquí a hablar de mi libro…

Como ya te dije en la primer volumen de esta trilogía sobre fantasía y realismo mágico, explorar esta cuestión surge a raíz de no saber si un relato que escribí, y que ahora estoy revisando, La llave frágil, podía ser un relato de realismo mágico. Puede que sí, puede que no. Y la verdad, creo que ya no me importa tanto esa pregunta.

Nos vemos en la tercera (y última) parte de la trilogía. Porque hay una idea que me ha surgido en este tiempo mientras escribía estos artículos y que tal vez sea interesante.

Mientras,puedes contarme tu experiencia y opiniones con las etiquetas de género literario, seas escritor o lector.

¡Hasta la próxima!

 

 

 

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6 comentarios en “Realismo mágico o fantasía: ¿pregunta innecesaria si eres escritor?

  1. Aunque sigue siendo válido la división de subgéneros narrativos, hoy día es habitual que se busque destacar la trama que se relata, y si en ella entran más o menos ingredientes de dos o más de esos subgéneros, pues ya no cabe clasificar tan a rajatabla la obra. Yo voy más por usar aquellos elementos de subgénero que me sirvan para desarrollar mi narración (sea novela, sea cuento) como yo necesito que camine.

    Sobre la posible dicotomía o no de fantasía-realismo mágico, no hay tal si se tiene clara la esencia de cada una. Fantasía es una realidad inventada por completo, sin ninguna referencia a la realidad pasada o presente en que vivimos, pero que ha de estar muy bien armada para ser viable y creíble. Realismo mágico es el retrato de la realidad en que estamos inmersos (pasada o presente) enriquecida con toques fantásticos que forman parte de esa realidad en Latinoamérica. (No olvidar que la herencia indígena de este continente -incluida la de la América anglosajona- está cuajada de conceptos mágicos, religiosos, entremezclados con la realidad tangible, y que para estos pueblos originarios de estas tierras no hay ni duda ni diferencia entre ambos mundos -real y fantasioso/mágico-. Con el mestizaje de la América hispana, eso entró en nuestra herencia, en nuestra genética, y es de lo más natural.)

    Que en el mundo académciao, grosso modo, esté menospreciado el subgénero de fantasía es cierto por lo que respecta a los textos modernos, porque la fantasía antigua es muy apreciada. Sin embargo, confío que con el tiempo se le dé el valor que le corresponde, como ocurrió en su momento con la literatura gráfica. La creatividad carece de etiquetas y sólo puede producir obras buenas o malas, punto.

    Pensar que la clasificación de Realismo mágico sea una creación académica para separar ciertas obras de fantasía del resto, me parece poco probable y parece descalificar el mundo académico, que como cualquier otro tiene elementos de primer nivel y de ínfimo. No olvidar que toda generalización tiene el pecado de ser relativista.

    El primer análisis de este tipo de narrativa la llama literatura de lo Real Maravilloso y surgió mucho antes de García Márquez con autores como Alejo Carpentier, p. ej. Con el transcurso y desarrollo de este subgénero lliterario fue que terminó por llamársele Realismo Mágico. (Y por cierto, a Carpentier y a los autores contemporáneos suyos que iniciaron este forma de narrar les repateaba ser clasificados como Realismo Mágico.)

    En fin, que como bien señalas al cierre, querido Óscar, las etiquetas no dicen nada o pueden ser innecesarias. No hacen ni buena ni mala a una obra. Su factura y contenido son los que hablan por ella y eso, al final del día, es lo que importa.

    Quedamos en espera del cierre de tu trilogía sobre este tema. Te mando una grande abrazo.

    • Hola Ernesto,

      Gracias por tu estupendo comentario. Como ya te dije cuando comentaste la otra entrada sobre realismo mágico y fantasía, muchas de las cosas que dices las anoto para la tercera parte, porque van en la línea de lo que quiero decir. ¡Espero poder expresarlo con la misma claridad con que tú te expresas! Con tu permiso, me gustará citar algunas de tus palabras.

      Señalas muy bien lo que quiero decir sobre la dificultad de clasificar a rajatabla cuando hay elementos de varios géneros. El uso de las etiquetas es lo que tiene. Leo lo que dices acerca de que a Carpentier y sus contemporáneos les clasificaban o definían como realismo mágico y a ellos les repateaba. En definitiva, recibieron una etiqueta… por parte de otros. Ellos solo escribían, sin ponerse etiquetas.

      No creo que realismo mágico sea una etiqueta creada por académicos, como dice el comentario que recogí para el post. Eso sí, puede que algunos la usen como tal, de modo erróneo y por intereses personales. Pero igual que esa, se pueden usar otras. otro académico (de universidad o de redes sociales) puede utilizar “fantasía urbana” como etiqueta para separar categóricamente unas obras de otras, basándose en una serie de criterios, y dejar a muchas obras en el limbo intermedio, o en ambos lugares a la vez.

      Más que dicotomía entre ambos géneros yo hablaba de la idea de un continuo; es cierto que un continuo necesita dos polos opuestos o que al menos funcionen como opuestos.

      Un placer tener comentarios de alguien que conoce tan bien el tema (desde luego mejor que yo) Un fuerte abrazo.

      • Es un placer leerte, Óscar, y estás en libertad de usar lo que te convenga de mi comentario. No patento ideas y éstas deben correr. 😉

        Tú también expresas tus puntos con claridad y ello es de agradecerse. Espero con gusto la llegada del cierre de esta trilogía. Y será también un gustazo leer La Llave Frágil, cuando lo sientas listo para ser parido. (No te preocupes, por cierto, relato y cuento funcionan como sinónimos.)

        Abrazote y a seguirle pa’lante.

  2. Pingback: Realismo mágico: ¿fantasía acomplejada? (Trilogía Realismo Mágico y Fantasía, Vol. I) | Nada Empieza Nunca

  3. Mi distinción entre realismo mágico y fantasía convencional provendría de su sutileza en la integración de los elementos sobrenaturales.

    El realismo mágico suele ambientarse en una época realista y reconocible, sea presente o pasada. La fantasía se sitúa en eras ficticias, siendo la más vulgarizada un medioevo que de tan idealizado es irreal.

    Las manifestaciones de lo mágico en el realismo mágico pueden ser secretas, de modo que solo el narrador omnisciente sea consciente de su presencia (como en Como Agua para Chocolate), tratarse de un misterioso e in explicado fenómeno puntual (como el rapto de Remedios Buendía) o ser una superstición que se cumple (como la fallida interpretación de sueños de la madre de Santiago Nasar. Por contraste, la magia en la fantasía épica suele ser obvia y manifiesta; hechizos, objetos y lugares encantados y criaturas fabulosas existen y son en general públicamente conocidas, si no accesibles.

    Es cierto que se ha denostado un subgénero en favor del otro, pero es más fácil escribir una fantasía épica mediocre pero aún claramente emplazable en su género. Una obra de realismo mágico mal llevada, al fracasar en conseguir ser sutil, será vista como fantasía convencional, y se sumará al listado de obras malas de este campo. Mientras, solo las obras de buena calidad de realismo mágico se dan a conocer, ensalzando su estilo como superior.

    Por supuesto estoy simplificando de cara a explicar mi postura, y habrá excepciones, pero no creo que me aleje mucho de la realidad (mágica o no).

    • Hola Constructor de Críticas,

      La integración de los elementos sobrenaturales es un aspecto que marca una diferencia entre realismo mágico y fantasía, sí. Me resulta muy sugerente que utilices la palabra “sutileza”.

      La distinción entre la magia en realismo mágico y fantasía que propones puede servir para la fantasía épica (ese mundo medieval-Ikea); por eso en la primera entrada de esta trilogía la pregunta que lanzaba al final era si la distinción entre ambos se veía afectada según con qué tipo de fantasía se hiciera la comparación.

      Me interesa mucho lo que dices sobre la facilidad para escribir fantasía épica mediocre. Yo diría que es más fácil escribir algo mediocre, sea fantasía, romántica o realismo mágico, que escribir algo bueno. Escribir fantasía no es fácil: si es fantasía épica, hay que crear un mundo nuevo (aunque sea paralelo al medievo europeo) que sea lo bastante creíble y sólido, aunque haya dragones, elfos, magos o una raza mitad humana mitad árbol. Pero es tu frase “Una obra de realismo mágico mal llevada, al fracasar en conseguir ser sutil, será vista como fantasía convencional, y se sumará al listado de obras malas de este campo” la que me interesa: ¿una obra de fantasía es una obra mala de realismo mágico? Es decir, una historia con ausencias de ciertos elementos, por ejemplo esa sutileza de la que hablas, hace “descender” una obra de un género superior (realismo mágico) a una “inferior” (fantasía) Por supuesto esto son palabras mías; es sólo que me parece interesante esa idea de sutileza como una forma de entender y situar mejor la magia en ambos tipos de novelas.

      Y algo en lo que no había pensado hasta leer tu comentario. Cuando has dicho lo de que “mientras, solo las obras de buena calidad de realismo mágico se dan a conocer, ensalzando su estilo como superior”, me pregunto: ¿hay malas novelas de realismo mágico? ¿O sólo hay buenas? Es algo que merece la pena explorar.

      Muchas gracias por comentar y por estas ideas nuevas. Ya tengo pensado que esto sea una trilogía, con un último post por escribir, pero hay algunas cosas aquí que pueden dar para más. ¡Un saludo!

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